LA SED, QUE NO VOLVIÓ JAMÁS

Una Adaptación de Juan 4:1-42 | La Mujer Samaritana |  Cristología Narrativa | Terminología Panameña

Quiero contarte mi historia, es quizás una de esas historias que has oído por ahí, bueno quizás no. Pero déjame contarte, ¿me lees?.

Bueno, hace muchos años en mi pueblo de Samaria, yo era rechazada, la gente solía decir que yo era una mujerzuela, y es que la verdad había tenido en mi vida 5 maridos, 5 maridos tuve yo, era terrible, odiaba mi vida, me sentía perdida, cinco veces dejando casa y seguridad, a expensas de las conclusiones de quienes no conocen mi vida ó el corazón, de mis aflicciones y pérdidas. Siendo objeto de comentarios maliciosos, víctima de chismes y burlas escondidas, de prejuicio y difamación.

Me preguntaba una y otra vez si habría alguien que me amara para siempre, alguien que más allá de mi cuerpo desearan mi corazón y mi mente,  ¿te has preguntado eso?,  ó en tu caso hombre, ¿te has preguntado si habrá alguien que nunca te abandone a tu suerte?. Ese era mi anhelo más profundo, estaba sedienta, moribunda, ah me acuerdo de esa canción de la India que dice; Moribunda de amooooor… jaja bueno así estaba yo.

Mi pueblo era pequeñísimo, bueno, no tan pequeño, ¿has oído el dicho que dice: pueblo pequeño infierno grande?, mi pueblo era la personificación de eso; por cierto, cada vez que lo menciono, suelto una carcajada.

Mi vida no tenía sentido y se había convertido en una horrenda rutina ir todos los días a sacar agua al pozo que nos heredaron nuestros ancestros, en aquel entonces teníamos un pozo donde siempre había agua, ¡ja! no había el problema de que se iba el agua, era maravilloso, pero, tenía que caminar mucho para llegar ahí; por cierto, el calentamiento global no era tan potente jajaja pero igual era terrible, hacía tanta calor, me gustaba ir a eso de las 12 del día, al mediodía, sí ahí sí que pegaba dura la sed, pero me gustaba ir a esa hora, no había nadie que me juzgara y había completa soledad, no es que huía de la gente solo que al menos una parte del día prefería estar sola, así que, tomaba mi cántaro y subía.

Un día, paso algo muy extraño, cuando iba llegando al pozo, había un hombre sentado, por su vestimenta sabía que era uno de esos judíos odiosos, al que mi pueblo y yo detestábamos. Sí, es que los judíos y los samaritanos no se trataban entre sí, era peor la cosa en ese pueblo cuando ellos pasaban por Samaria, recuerdo que ese hombre me pidió agua, ¡ja!, cómo se le ocurre pedirme agua a mí que soy samaritana, le dije.

El punto es que hasta me dijo que él tenía una agua que me iba a quitar la sed para siempre, wao, ¿te imaginas?, nunca volver a tener sed y no tener que venir hasta aquí a sacar agua, bueno yo le respondí que me diera de esa agua y luego, en vez de decirme dónde podía conseguir el agua, me cambió el tema; después me dijo que fuera a buscar a mi marido, yo estaba por dentro así como que, ¿qué le pasa a este hombre? y yo le respondí: No tengo marido, y lo más curioso es que me reveló que sí.

Yo había tenido 5 maridos y el hombre que tenía en ese momento, bueno, no era mi marido, pero, él me recibía y me cobijaba, pienso que quizás no quería compromisos, ninguna obligación fija; estaba expuesta, en cualquier momento, a un nuevo abandono. Las mujeres en ese entonces no podíamos pedir divorcio, pero sí teníamos derechos a ser repudiadas y echadas de casa.

A mí me encantaba estar con él, tú sabes tener un hombre con quien compartir y eso, le daba algo de sentido a la vida.

El punto es que estaba sorprendida, ¿quién era este sujeto que sabía de mi vida?, en pocas palabras sabía que no andaba en cosas muy agradables. Me parecía profeta este hombre.

Yo creo en Dios y bueno, he crecido en un pueblo donde creemos que por este pozo y toda esta heredad tenemos asegurado que aquí es el lugar donde realmente se adora a este Dios, y él me dice que ni aquí ni en Jerusalén se iba a adorar al Padre, sino en espíritu y en verdad y quedé casi atolondrada por lo que me decía, así que, finalmente le dije que un día iba a llegar un Mesías y que por fin nos iba a aclarar muchas cosas y ¿saben qué paso?, no me había dado cuenta de que yo estaba hablando con ese Mesías, él mismo me dijo:  Yo soy, el que habla contigo.

No me desmayé porque bueno, pero el corazón se me quería salir, por fin había llegado, dije, yo quería salir corriendo de una vez. La verdad es que mi vida no fue la misma después de ese día, es más, hasta mi cántaro olvidé en el pozo, de la emoción que tenía, lo hice, corrí tan rápido como pude y les preguntaba a mi gente, si no creían que ese con quien había hablado era el Cristo, el que decían que vendría.

De hecho muchos de mi pueblo, creyeron en él, por lo que les conté, y me respondían que: Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo.

Él había transformado mi testimonio también delante de muchos. La despreciada del pueblo, ahora comunicaba al Salvador del mundo. Aquel que todo lo restaura. A los marginados los levanta, yo fui esa marginada.

Después de un largo día, regresé a mi casa y en la esquina de mi habitación comencé a llorar, algo había ocurrido en mi corazón, quería volver a ver al Mesías, después de todo me había encontrado con el único hombre que podía saciar mi sed, bueno ahorita no estoy hablando de la sed física, no, no, no, me refiero a la sed que tenía, tú sabes, esa sed de ser alguien, de pertenecer a alguien, de ser amada y buscada por alguien, pero no por cualquier persona.

Ese día había sucedido aquello que anhelaba, fui buscada por el mismo Dios, exactamente cerca del pozo donde me hizo entender que yo tenía otro tipo de sed y que él era y es el agua que puede satisfacerme y preservarme, ¿no es esto maravilloso?. Ahora la vida tenía sentido, él restauró mi perspectiva de todas las cosas, era un nuevo comienzo para mí.

Finalmente, concluí que, de todos los hombres que había conocido en mi vida, Jesús fue el único, que pudo tocar mi corazón, sin tocar mi cuerpo. El único que se acercó a mí, conociendo mi pasado y mi presente y aún así sentarse, intencionar conmigo una conversación que cambió mi existencia y dejarme saber que él era todo lo que yo esperaba y necesitaba. Él fue el único hombre que ha tomado la iniciativa de venir a mí, para quedarse. Él es Jesús, el hijo del Dios viviente. El agua de vida.

¿Y tú, tienes sed?

By: Magdy

@MellLikhi

Cristología Narrativa – Una forma de comunicar/narrar el evangelio de Cristo.

Busca la historia aquí, en:  Lucas 4:1-42

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