La Conspiración de la Colina

Era un imperio majestuoso, sus más robustos troncos comandaban el territorio. Ya no había visitantes ruiseñores conviviendo con las ramas de los gigantes arbóreos. El más grande y reconocido del lugar, es Roble. Roble aún vive en el antiguo imperio de la Colina junto a sus 7 compañeros, fuertes y encantadores. Roble narra hoy la historia de la Colina con pesar, mientras el viejo Talingo le hace mofa de sus lamentos.

– Eran los años más vívidos y coloridos de nuestra historia, la Colina era una montaña verde, muy verde, las chistosas margaritas bailaban y bailaban entre el pastizal, no había una mañana en la que no se movieran con aquella peculiar alegría matutina, ¡Ay, que años!

– ¿Qué les sucedió a las margaritas? – Pregunta el viejo Talingo.

– Después de muchos años el opaco concreto arrasó con una gran parte del imperio, los pastizales fueron cubiertos por una enorme capa gris y marrón, la presencia peculiar de las margaritas y los atajos de las familias Arrieras, que por cierto eran famosas en el imperio, fueron arruinados por completo. Ahora que ya no están las famosas familias Arrieras ha sido poca la promoción de nuevas amigas plantas a nuestro alrededor, solo estamos nosotros y ésta funesta capa que invade el lugar.

– ¡¿Famosas?!, ¡ja!, famosas somos nosotras  – Interrumpen dos arrogantes emplumadas Talingos que escuchan la conversación. Roble suelta una carcajada que despierta a sus compañeros y hasta la brisa que siempre ronda por ahí se mueve entre ellos causando un gran estruendo y agitando las ramas estrepitosamente. Ellas no entendían  las persistentes carcajadas y es que su fama es de esa fama pérfida, de las que dejan recuerdos no tan agradables. Y ellas con la mirada altanera hacían alarde de su fama, fama fantasiosa.

En aquellos años – Roble sigue narrando – , se sentía el olor de las Geranios al amanecer y al atardecer, el rocío de las mañanas hacía que se formaran arcoíris entre las colinas. Es ahora muy difícil observar arcoíris formados entre los rascacielos, todo es gris y marrón, y el olor de este lugar, es irritante. La Colina es ahora visitada por muchos humanos, nos gusta observar la manera en que disfrutan de nuestros pastizales, ó lo que resta de ellos, pero hay algunos que cuando se marchan se les olvida llevarse las piltrafas, piltrafas que no combinan en nada con todo alrededor y la Colina deja de ser lo que solía ser, aquí es donde nuestras amigas Talingos se hacen famosas.

Las astutas Talingos no demoran mucho en responder y dicen:

– Nos gustan las piltrafas y todo lo que ellos se les olvida, nosotras lo aprovechamos, a veces no dudamos en tomarlo de sus propias manos. Y riéndose se fueron volando hasta que se perdieron de vista.

– Solíamos vivir en las tierras bajas del Pacífico, eran bosques amplios – dice el viejo pero sabio Talingo que allí está. Poco a poco esas zonas fueron desapareciendo y tuvimos que volar a las ciudades, adaptándonos rápidamente, lo bueno de todo esto es que siempre hay comida por las calles. Muchas veces hemos tenido que aprovechar las siembras que están en los alrededores, creo que nuestra fama se ha extendido aún más por eso. Y riéndose también, contagia a Roble una vez más en aquella entretenida conversación.

– Es curioso que todos los días un grupo de estudiantes se sientan bajo mi sombra, oigo sus conversaciones, vienen huyendo del sol y buscando reposar un poco, me agrada sentirme útil en estos días, aunque también quisiera un reposo – dice Roble entre risas.

– No es mi intención ofuscarles y mucho menos a ti asombroso Roble – entra en escena el Sol, que ha oído todo lo que pasa – desde que la capa de ozono ha estado siendo deteriorada, mis rayos ultravioletas tocan a tierra y no puedo evitarlo, pues es ella, la capa, quien tiene el poder absoluto de hacerlo, antes nadie huía de mis rayos, pero ahora ni yo puedo impedir la potencia.

– No te preocupes estimado Sol, sabes que Elí, el que nos diseñó,  ha de tener un mejor plan para todos, he oído que volveremos a ser los mismos de antes; nuestras amigos Talingos podrán volver a su hábitat y ésta enorme capa gris y marrón no serán más un obstáculo para la biodiversidad. Las familias arrieras y las famosas geranios de la tarde y la mañana podrán acompañar a la orquesta universal de este imperio. Aún los seres humanos querrán sentir tus rayos, Sol, rico en contenido vitamínico para ellos y para nosotros también.

El Sol está por iniciar su otra jornada y la Luna se asoma poco a poco. Los talingos, golondrinas y pericos buscan refugio, pues la amable noche está por llegar. Serena y entusiasta como siempre, abraza el escenario con todo su fulgor.

Al día siguiente, muy temprano, una joven se acerca a la vieja fuente para leer como es de costumbre. El viejo pero sabio Talingo, la observa. ¿Podrá ella entenderme si le hablara?, piensa.

¡Salvando la Colina!

Alrededor de la Colina, hay una Universidad muy reconocida a nivel nacional e internacional. Para aquellos días muchos de los centros de estudio estaban actualizándose y buscando estar a la vanguardia de la tecnología, por lo que las autoridades del lugar anunciaron la construcción de un nuevo centro para estudiantes en la Colina, con acceso a computadores de alto calibre, zonas de descanso y lectura con aire acondicionado y puertas de alta seguridad. Muchos estudiantes están entusiasmados con la propuesta y están ansiosos porque eso sea una realidad al instante.

La Colina es muy antigua pero bastante concurrida por estudiantes y docentes de la Universidad, es un área algo descuidada que necesita ser intervenida, pero nadie del lugar ha tomado alguna iniciativa por ella, salvo la de talar los árboles circundantes y terminar de cubrirla con más concreto para la construcción del próximo centro de estudiantes. Las autoridades que dan a conocer el proyecto, lo llaman Centro Estudiantil de Descanso y Lectura (CEDEL). La mayoría espera que esto sea pronto, pero algunos otros están en desacuerdo. Días después, algunos de ellos se sientan en el Anfiteatro de La Colina para conversar del tema, están molestos porque en la Universidad el único espacio verde que existe, es La Colina.

¿Centro Estudiantil de Descanso y Lectura?, ¿acaso no es ya un lugar abierto al estudiante para su lectura y descanso?, se pregunta uno de ellos. Son estudiantes de Arquitectura, una facultad que está al costado de la Colina. Como estudiantes creativos comienzan a planear la manera de detener que la Colina sea interrumpida por el concreto. El viejo pero sabio Talingo, se mantiene cerca de la fuente escuchando lo que acontece, se siente impotente al no poder comunicarse con los estudiantes y hacerse parte del plan que lo incluía a él, por ser un visitante común de La Colina que busca descanso y un lugar natural al que pertenecer.

Salvando La Colina, ¡Salvando La Colina!, grita uno de los chicos, con más énfasis en su idea. De pronto se escucha el aleteo del Talingo, el mover estrepitoso de los árboles, y el viento entre sus ramas. La Colina los acompaña en su idea. Ellos sacan sus cuadernos e inician un plan para movilizar a los demás estudiantes para salvar la Colina; Pancartas, afiches, volantes, visita a los salones, competencias de lectura y dibujo. Todo lo que sea posible para impactar la Universidad y restaurar el atractivo de La Colina, el único espacio verde del centro de estudio.

Se ponen manos a la obra e inician los contactos para trabajar la parte material de la campaña “Salvando La Colina”, solicitan impresiones a nombre de proyectos universitarios, y se preparan para colocar los impresos en las zonas donde la mayoría de estudiantes pasan día tras día. Y así comienza toda una campaña durante semanas para dar a conocer y sensibilizar al pueblo estudiantil acerca del valor de La Colina y recreando el lugar como un espacio de lectura y descanso sin necesidad de quitar nada.

Los estudiantes con mucho ánimo solicitan a la Universidad el apoyo para patrocinar pintura y brochas ó enseres para restaurar primero las paredes del Anfiteatro que está descuidado y para limpiar los alrededores de la Colina. Un sábado de esas semanas deciden ir para hacer realidad la primera fase de la campaña.

Roble quien observa todo, se mueve jubiloso y su mover se escucha en todo el lugar. El Talingo posándose en una de sus ramas le comenta a Roble que hay esperanza para la Colina, que aún pueden seguir alegres y haciéndose mofa de la vida, con sus bajones y altas.

Roble se ríe.

Para esos días es invierno y uno de los mayores temores es que la lluvia impida que los estudiantes gocen de la campaña y estén al aire libre, sin embargo, toda la naturaleza alrededor está a favor de tan valiosa iniciativa, aún la lluvia, por lo que son los días más brillantes del año para la Universidad, días soleados y frescos, muy frescos.

Es toda una conexión sublimemente emocionante, todo lo creado siendo uno para seguir subsistiendo, los estudiantes defendiendo la Colina y los gigantes arbóreos, aves y flores participando de ello. ¿No es esto la vida, una unidad donde todo coexiste y es interdependiente?.

El gran día llegó, como parte del plan, los estudiantes realizan dos días de interacción creativa, colocan vallas siluetadas de historietas, donde invitan a los estudiantes a tomarse fotos para subirla a Instagram, una red social más que todo visual. Otra idea es, escoger un libro que les llame la atención, leer hasta encontrar algo que les impacte y luego elegir un punto donde tomarse una foto y colocar la frase que le llamó la atención con un hashtag que identifique la campaña por esas semanas.

La red social de Instagram se satura de imágenes y frases creativas de muchos estudiantes, aquellos que planearon toda la campaña para salvar la Colina están realmente orgullosos de tanto esfuerzo.

Pero antes, una de esas tardes, de iniciar la campaña creativa, aquella joven que suele sentarse cerca de la fuente con su libro particular, mira alrededor, luego al cielo y piensa: Veo las nubes oscurecerse, por lo que es probable que llueva estos días. Y murmurando dijo: Elí, mueve las nubes a nuestro favor y que el sol participe con nosotros en nuestra acción.

Roble y sus compañeros se mueven de un lado a otro con júbilo y las aves presentes reposan en sus ramas mientras observan y bailotean por la alegría de la Colina. El viejo pero sabio Talingo dice, “¡Ella también sabe de Elí!, habitaremos por alguna generación más, no hay duda, el verde de la Colina seguirá”

El impacto de la iniciativa estudiantil es tal, que algunas de las otras facultades circundantes se enteran y participan. La Vicerrectoría prepara hasta un personal para grabar lo que acontece, para publicarlo en el medio de comunicación de la Universidad.

Esa tarde, mientras todo sucede; los estudiantes publicando en sus redes, conversando, leyendo y disfrutando la campaña en La Colina, empiezan a prepararse los chicos de los medios, para grabar con detalle todo el suceso.

De pronto, un arcoíris brillante surge de pronto, sin llovizna, simplemente aparece cubriendo la Colina, como quien enciende las luces de un escenario, el sabio Talingo con sus compañeros de vuelo, Roble y sus 7 compañeros mueven sus ramas solemnemente, la fuente se torna de aguas cristalinas con pequeños destellos y todo el pastizal se va tornando entre verde, azul marino y turquesa. Todo brilla, la Colina se muestra en todo su esplendor dejando a todos los espectadores maravillados, impresionados por lo que veían, nunca habían visto tal espectáculo de la naturaleza en medio de edificios y rascacielos, era un momento mágico, inimaginable para la Universidad. ¿Esto es real?, se pregunta uno de los estudiantes; estaba embelesado, seducido por tanta magia natural.

La Colina se lució, el momento es uno, todos son uno.

Pocos días después, los estudiantes iniciadores de la campaña reciben la noticia de que el proyecto de construcción había sido cancelado, las autoridades del lugar confirman una vez más que existen estudiantes que vencen al sistema del concreto y protegen su hábitat natural. Apenados, dirigen una carta a los estudiantes disculpándose por haber subestimado la magia de la Colina, lugar que por mucho tiempo ha prevalecido y que ahora es protegida por los mismos estudiantes que día a día se pasean por el lugar, disfrutando del descanso que la Colina misma ofrece, sin más ni menos. Hay esperanza.

Llegada la noche, aquella peculiar joven, la que se sienta en la fuente cercana a Roble con su libro singular, entra a su habitación cansada después de una larga jornada de trabajo y mirando al techo con una sonrisa fija, se queda dormida.

Cuando regresa a la Universidad, al día siguiente,  se da cuenta de que toda la Colina estuvo de acuerdo con ella desde el principio y mirando una vez más al cielo dice: Elí, Elí, somos uno para siempre. Que continúe la vida, tú eres la vida.

Por: Magdielys Leira

 

@MellLikhi | Panamá | Cuentos

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