¡Otro guión para la vida, por favor!

 

Allí estaba yo mirando a la gran ciudad, a 2 horas de la urbe y el concreto, sentada sobre una pequeña piedra que encontré. Todo en frente era como una pantalla de cine gigante, imaginando que solo era eso. Una mezcla de todos los géneros estaba frente a mí; violencia, terror, decepción, drama, romances, comedias, victorias, muertes, felicidad; un millón de historias, un millón de realidades, dije en voz alta.

Entonces, de todas las palabras que podía pasar por mi mente, trascendencia fue la que se quedó dando vueltas en mi cerebro. Si lo que estaba frente a mí era como el cine, solo que con un elenco real, entonces es posible cambiar el guión, me dije a mí misma. Algo que trascienda, un nuevo guión, ¿te imaginas?.

Jugaba en mis adentros, imaginando todo el escenario: Voy corriendo velozmente hacia la ciudad, a las multitudes gritando: ¡Tengo un libreto nuevo, tengo un libreto nuevo, un guión con un inicio y un final feliz, tiene sentido lo que digo, miren, vean por sí mismos!, entonces la gente se agolpa para verlo de cerca, es como pan gratis recién hecho.

  • Léelo para nosotros, ¡léelo! – Gritan. Ésta puede ser la oportunidad para cambiar ésta nefasta realidad, si actuamos según este nuevo guión.

Pobres, violentados, huérfanos, quebrantados, enfermos, preocupados, esperanzados, tristes, y muchos más están frente a mí y el libreto, estoy atónita. Es difícil no empatizar con ellos, tengo un nudo enorme en la garganta, ¿cómo puedo desamarrar este nudo?, pienso. ¡Ja!, tengo que llorar y acercarme más, tocarlos y animarlos. Miro mi reloj de mano, ¡increíble!, los minutos pasan y la noche no demora en hacer su entrada triunfal, así que comienzo a leer el guión.

Busco en las páginas dónde iniciar y los que están presentes me siguen, ellos no vacilan en empezar con las actuaciones. Los esperanzados se acercan a los pobres; violentados, huérfanos, quebrantados, enfermos, preocupados y tristes, al seguir las líneas destellos luminosos aparecen y se mueven entre la gente, algo extraño ocurre, el semblante de ellos ha cambiado y el resplandor atrae a más y más personas. Los de las altas esferas de la sociedad, miran desde lejos y murmuran, yo los miro, me acerco y les digo: Tengo un nuevo libreto que cambiará este escenario, muchos no quieren actuar los papeles que viven y aquí hay nuevas líneas que pueden mostrar una trama diferente, si ustedes actúan según este guión, todos los demás serán favorecidos tanto como ustedes.

No necesitamos nuevas líneas, nos  encantan nuestros papeles en la historia. – Respondieron.

Después de unos minutos de silencio, me retiré. Habría sido bueno que conocieran hasta el productor de ésta cinta, pensé, ¡bah!, ellos se lo pierden. Al fin y al cabo todo el escenario que se ve es distinto, los reflectores, esos destellos tan brillantes están en dirección a los actores. Estos sobresalen ante el mundo, son los más importantes sobre el escenario. Aquellos que según los papeles buscan el bien común, son los protagonistas.

No dejo de mirar el panorama, y de pronto, se va desvaneciendo todo. Mi imaginación se detiene.

Miro mi reloj, Oh, es la 6 de la tarde, el tiempo transcurrió muy rápido y ya tenía que regresar a la capilla. Las luces de la ciudad se hacían cada vez más notables.

¿Por qué la vida es así?, siempre habrá algunos que actuarán solo por querer estar bajo los reflectores y ser vistos y no porque realmente quieran proyectar una realidad donde todos triunfen, no algunos, sino todos.

Yo permanecí pensativa, me preguntaba cómo sería ésta existencia si todos siguiesen un buen guión, eso que cambie el panorama, la pantalla de la vida. ¿Qué me había sucedido que ahora meditaba tanto?, quizá el silencio me afectaba ó la distancia de la ciudad se convertía en mi autodescubrimiento. Soñaba. No quería volver, quería quedarme aquí en esta gran montaña viviendo en mi imaginación, recreando el mundo, todo.

Cuando llegué a mi habitación, me recosté y de tanto pensar, me quedé dormida.

Suenan las campanas de la capilla a las 7 de la mañana y apenas abría los ojos, me sentía algo triste, sin embargo en cuanto pensé en volver al mirador y seguir imaginando, brinqué de la cama. Me alisté y quise esta vez llevar conmigo un delicioso café con leche, es que así se observa mejor las cosas, mientras saboreas algo muy rico, bueno al menos eso pienso yo. Busqué mi taza favorita y lo preparé. Tomé mi bufanda y me lancé otra vez a mi peculiar aventura.

Que bueno que el mirador estaba techado, porque casualmente ese día llovió tanto, que el panorama era difuso. Sin embargo, disfrutaba su sonido y el olor a tierra húmeda, me traía recuerdos, recuerdos de mi infancia cuando jugaba bajo la lluvia, nada importaba hasta que mamá gritaba mi nombre completo y debía regresar, pero cuando estaba dentro de casa ella me acobijaba, me secaba el cabello, y me preparaba un chocolate caliente, son bellos recuerdos.

 No me había percatado que el banco donde solía sentarme era como un baúl y, descubrí que había una cerradura, para mi sorpresa el candado estaba tan oxidado que lo toqué y se abrió fácilmente, tenía tanta curiosidad y miré que había varias cosas dentro, pero llamó mi atención en especial un binocular antiguo que estaba bastante sucio y lleno de polvorín. Busqué algo para limpiarlo y quedó asombrosamente brillante.

Miré al cielo y estaba más claro, la lluvia cesaba lentamente, me quedé un rato más sentada en aquel viejo banco mientras miraba y trasteaba el binocular que había encontrado, era bellísimo, ¿de quién sería ó de quién era?, pensé. Antes de regresar a la capilla estaba esperando el momento para probarlo y acercar la ciudad a mi vista. La lluvia por fin se detuvo.

Acerqué el binocular a mis ojos lentamente para ajustarlo y fui buscando un punto fijo donde mirar, era impresionante y mágico. Me levanté para caminar hacia la piedra donde me senté el día anterior y cada vez la imagen se hacía más clara. Podía ver los edificios, parecía que yo estaba muy cerca de ellos, casi podía tocarlos, podía notar qué calles eran de la ciudad. A medida que voy moviendo mi rostro, veo perfectamente una escena en una plaza que capta mi atención;   era un joven tocando violín, y alrededor se acercaban personas, yo quería estar ahí para oírlo. Me quedé mirando hasta que el chico terminó, recogió su instrumento y se fue, lo seguí con el binocular  y vi que se acercó a un basurero y revisaba, miró para ambos lados a ver quién estaba y sacó algo de ahí, intenté enfocarlo pero se me hacía difícil, el binocular era demasiado bueno, sin embargo aquello que tenía en las manos se me dificultaba verlo. Me intrigaba aquello, pero ocurrió que lo perdí de vista. La ciudad seguía su ritmo y yo me detuve. La tarde pasó muy rápido y volví a mi habitación, en la capilla.

Al día siguiente allí estaba yo otra vez con el binocular y, en el mismo punto miré; oh, allí estaba de nuevo aquel chico con el violín, repitió la misma rutina de acercarse a un basurero, pero, qué era aquello que sacaba, parecía ser algo de todos los días.  Lo seguí observando y  él tomó por un callejón donde ya no alcanzaba a verlo. Realmente tenía curiosidad, mucha curiosidad. Por lo que me aventuré para averiguar por qué este chico  se acercaba siempre a aquel basurero y saber qué era aquello que sacaba. Miré el reloj y pensé que ya no lograría alcanzar al chico por lo que prefería esperar al día siguiente para bajar a la gran ciudad.

Y así fue, logré llegar a la ciudad muy rápido, procuré encontrarlo en el mismo punto donde lo solía mirar, en la plaza con su violín. Cuando terminé me quedé observándolo pero esta vez muy de cerca. Se acercó al basurero, y sacó un trozo de papel. Yo no demoré y le pregunté qué era aquello que sacaba todos los días y él me respondió que eran páginas que alguien tiraba a la basura, y que contenían himnos muy antiguos que al parecer eran despreciados.

Al darme cuenta que lo desechaban, me dediqué a leer las notas de los himnos y darles un toque muy fresco y es así que varios días en la plaza doy pequeños conciertos utilizando estos himnos, generalmente se acercan personas ancianas que están por el área y les trae recuerdos buenos. Es mi manera de alentar a estos ancianos porque al conversar con ellos me cuentan que ya nadie parece recordarlos y por cierto, aman la música de sus tiempos, con ese toque que lo hace aún más especial para ellos. – Me contó.

Al terminar de oír lo que me decía ocurrió dentro de mí como un estallido de emoción y esperanza, pensé: Quizá no se pueda cambiar el guión de la vida, pero me convertiría en una actriz, ó también algo así como una heroína, tal vez. Ó sencillamente alguien que hace feliz a la gente cuando nadie más lo hace.

Él se despidió de mí y yo no podía mencionar palabra alguna, estaba maravillada.

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Y como dijo un buen columnista, Marcos Canepa:

“El concepto de justicia nos dice que el triunfo en sí no es bueno ni malo, todo depende de cómo se obtiene y qué haga yo con él una vez que lo obtengo.”

¿Y cuál podría ser ese ese guión?

Contextualizados:

Dichosos más bien —contestó Jesús— los que oyen las líneas del guión de Dios y la obedecen. 

Lucas 11:28 

Por tanto, todo el que me oye estas líneas y las pone en práctica es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca. 

Mateo 7:24

Pero gracias a Dios, que en Cristo siempre nos lleva en triunfo, y que por medio de nosotros manifiesta en todo lugar la fragancia de su conocimiento.

2 Corintios 2:14

 

5yu5j

Cosas que escribo de vivencias, lo que aprendo, lo que imagino, lo que pienso.

@MellLikhi

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