EL BOLÍGRAFO MÁGICO

¿Será que puedo acercarme más y recorrer ese camino?, se preguntaba Trinia. Estaba como a dos kilómetros, detrás de una roca, contemplando lo que había encontrado; parecía un atajo hacia un país desconocido. Parecía un camino antiguo, pero a la vez era muy atractivo. No podía dejar de mirarlo!

En el pueblo donde Trinia vivía, llamado Cabo, la realidad era lóbrega. En los últimos años se habían perdido costumbres y tradiciones y parecía que la gente del pueblo solo podía sobrevivir, sin saber vivir.

Esa tarde, luego de haber descubierto ese extraño camino, regresó a casa pensativa pero sin ningún brillo en el rostro. Como siempre entró a su habitación y se sentó en su lugar favorito: El balcón, al que ella llamaba: “Su secreto”. Por las noches solía observar a lo lejos alguna señal de esperanza que la pudiera rescatar de su realidad.

– ¡Trinia te he preparado un chocolate caliente! – Gritó su mamá desde la cocina.

– ¡Dame un minuto mamá!, ¡ya bajo! – Respondió Trinia.

Allí sentada en su balcón escribía en un viejo cuaderno aquellos sueños que abrazaba. En una de sus páginas escribió: “Si alguna vez pudiera con este bolígrafo cambiar mil y una historias, no dejaría de escribir hasta ver el mundo soñado”.

Trinia era una chica soñadora, apasionada y llena de vida. Detestaba sentarse cada noche mirando al horizonte y abrazar los deseos con la impotencia de nunca encontrar una señal en el cielo que transformara su historia, la de su familia y la del pueblo.

Esa misma noche, estando en la cocina con su madre mientras sostenía una taza de un delicioso chocolate caliente, Trinia le  contó lo que había visto en aquel lugar cercano a las praderas.

– Mamá, ¿sabes?, estaba caminando en las afueras del pueblo y me detuve cerca de una roca gigante, y vi a lo lejos un extraño camino, no vi hasta dónde llegaba pero parecía un camino antiguo, como aquellos donde solían caminar nuestros ancestros en sus caballos y con sus cargas, (Risas), ¡Jamás lo había visto!,  y deteniendo la historia unos segundos, exclamó, ¿crees que podamos ir y caminar por ese lugar alguna vez?.

– No sabemos exactamente a dónde llega ese camino Trinia, es mejor permanecer aquí. ¿Le has contado esto a tu padre?

– Papá no pasa mucho tiempo con nosotras, si yo le cuento esto creerá que estoy loca, pues ese camino jamás lo habíamos visto – Dijo Trinia.

– Tu papá trabaja muy duro con el Sr. Naín para poder sostener esta casa. Si no pasa mucho tiempo con nosotras no significa que no le interesa lo que tengas que contar, cuando llegue en la mañana, acércate y cuéntale lo que has visto, puede que conozca aquel camino del que hablas.

– Lo haré mamá, pero si no llega a creerme, yo misma averiguaré lo que guarda ese camino.

– Tú no sabes lo que puedes encontrar, es mejor prevenir que lamentar, ¡no irás a ningún lado!

Trinia se levantó con ímpetu de la mesa, algo enojada y a la vez triste, derramando sobre el mantel el chocolate que le quedaba en la taza.

– ¿Ves lo que has hecho? – Dijo su madre.  – ¡Ten cuidado con lo que estés por inventar!

Estando en su habitación nuevamente, sentada en el balcón ya muy de noche, Trinia se quebrantaba sobre su viejo cuaderno de colores deseando una aventura que cambie para siempre su vida. En eso regresó a su cama, y allí se quedó dormida.

Al día siguiente, mientras dormía, su padre se acercó a su habitación. Para su sorpresa, la puerta estaba semi-ajustada, lo cual le permitió entrar y sentarse al costado de su cama. Él tocó su frente, le dió un beso y Trinia se exaltó.

– ¡Papá, llegaste más temprano de lo que pensé!

– ¿Cómo te has portado hija?, ¿hay alguna novedad?

– ¡Sí papá! – Exclamó muy emocionada. – Ayer cerca de la tarde estaba en las afueras del pueblo y observé de lejos un extraño camino que luce antiguo pero a la vez el verde se mezcla con el azul del cielo, es  muy  llamativo, ¡debes verlo papá!, parece un atajo a un lugar desconocido, ¡no lo había visto antes!, ¿podemos ir alguna vez?.

– Bueno hija, realmente parece extraño lo que cuentas, pero tengo noticias para ti.

– ¿Qué es papá? , ¡¿Qué es?! – Exclamó muy animada.

– Hoy tengo toda la tarde libre, así que podemos ir y ver el camino del que me hablas. – Respondió.

Trinia se emocionó tanto que se levantó de su cama como si hubiese un alfiler debajo suyo. Se dio un baño rápido y bajó a desayunar con una gran sonrisa.

Su papá y su mamá se alegraban al ver su rostro totalmente distinto a otras veces.

Bajando al mediodía, Trinia  tomó sus zapatillas favoritas y se alistó para emprender el paseo.

– ¿Estás lista hija?

– ¡Sí papá!, ¡vámonos ya!

Al llegar a la misma roca, donde Trinia había ido la primera vez, su papá le dijo:

– ¿Dónde está aquel camino del cual me has hablado?

– Allá papá, a lo lejos, frente a ti, ¿lo ves? – Dijo.

– ¡Oh sí lo veo, es impresionante!. ¿Cómo se habrá formado ese camino? todos estos años y jamás lo hemos visto.

 – ¡Sí papá! , ¡debemos ir! , ¡conocer qué hay allá!

– Qué jamás se te ocurra eso, pues no es bueno emprender algo sin conocer al menos cómo surgió ese camino. La respuesta es no, hija, es mejor prevenir que lamentar.

– ¡Es lo mismo que dijo mamá! – Exclamó Trinia. Nuevamente triste y desesperanzada  regresó a casa, con la idea de planear la manera de por fin descubrir lo que guardaba aquel camino extraño.

Mientras sus padres dormían, Trinia en el balcón armaba una gran aventura.

Al día siguiente, Trinia se levantó muy temprano y en una pequeña maleta puso algunas cosas necesarias. Muy valiente emprendió la marcha hasta aquel extraño lugar. El sol comenzó a salir con más fuerza y Trinia por fin se aproximó al camino. Al llegar se dio cuenta de que aquellos pinos que veía de lejos eran realmente gigantes y que la entrada parecía un ensueño, y además que el silencio era absoluto. De pronto escuchó una voz profunda:

– ¿Quién anda por ahí?.

– Soy Trinia, del pueblo de Cabo!, ¿quién me habla?

– ¡Soy el Camino!

– ¿El camino?, – Se dijo a sí misma. Asombrada de lo que estaba pasando,  cayó horrorizada al suelo.

– ¡No temas, todo el que entra por aquí, al Pueblo Alborrich, vive su mejor aventura, ¡entra y mira! – Respondió el Camino. Trinia se levantó, y de pronto una profunda paz invadió su cuerpo, y así continuó el camino, hasta que encontró un extraño bolígrafo cubierto con pluma de pavo real, muy colorida y brillante.

– ¿Qué es esto tan hermoso?

– ¡Es lo que has pedido!. –Respondió el Camino.

– ¿Cómo sabes del bolígrafo?

– Tu esperanza de cambiar la historia de tu vida, me ha permitido abrirme para ti. ¡Soy el Camino! – ¡Escribe nuevas historias!, ¡haz historia! – Concluyó.

Trinia emocionada y consternada siguió caminando con el deseo de ir más allá, para descubrir lo que guardaba el Camino. En eso apareció frente a ella un hermoso pavo real, con la cola más grande y esplendorosa que jamás había visto en su vida. Al seguir su paso, descubrió un pueblo, con casas, personas bailando y siembras rebosantes.

– ¡Qué aire tan impresionante! – Pensó Trinia.

Una grandiosa sensación de alegría la invadió, y regresando, corrió  a casa lo más rápido posible. Sus padres tenían que saber lo que había ocurrido.

Con aquel bolígrafo mágico en su bolso no podía contener las lágrimas mientras avanzaba, hasta que fue disminuyendo la velocidad y se detuvo en aquella roca gigante. Creía que todo era un sueño, así que se dio la vuelta para volver a mirar si aún estaba aquel extraño lugar frente a ella.

Cuando llegó al pueblo, encontró a sus padres reunidos con otros lugareños armando un plan para ir tras Trinia. No la hallaban desde muy temprano y sus padres estaban muy asustados.

Con el rostro compungido y a la vez enojados, se dirigieron a Trinia preguntándole dónde había estado, y Trinia narró lo que había sucedido. El pueblo se reunió para escucharla, y Trinia comenzó a contar a viva voz todo lo que había visto. Trinia les mostró aquel bolígrafo mágico, causando gran conmoción en los oyentes.

Esa misma noche, en su lugar favorito, tomó su viejo cuaderno y en una página comenzó a escribir todo aquello que soñaba ver hecho realidad en su pueblo y en su vida: Comenzando por las cosechas del pueblo para su sostenimiento, hasta las escuelas reconstruidas. Trinia escribe todo lo posible para ver realizado su deseo. Después de escribir tanto, se quedó dormida siendo ya de madrugada.

Al día siguiente, muy temprano, Trinia escuchó mucho ruido. Al asomarse a la ventana se dio cuenta que la gente estaba bailando, otros comentando lo que estaba pasando y otros solo caminaban de un lado para otro tratando de mirar también qué otras cosas estaban sucediendo.

Entonces Trinia  tomó  la chaqueta, y  salió corriendo de la casa.

– ¡Es impresionante! – Exclamó Trinia sin poder creer lo que veía: las siembras estaban más verdes que nunca, el ambiente era otro. Esa mañana los hombres de aquel lugar se propusieron reconstruir el colegio, y este lució como nunca antes. Trinia se conmovió alcanzando la roca gigante, y entre lágrimas sollozó agradeciendo a aquel Camino, por cambiar su historia a través del majestuoso bolígrafo. Cuando miró a lo lejos, aún permanecía el Camino. ¿Y si lograra que todo el pueblo conociera aquel lugar?. – Dijo.

Esa misma tarde, Trinia tomó una silla y trepándose en ella, habló en tono tan alto que todos se acercaron, y les dijo la razón de todo lo que estaba sucediendo en el pueblo de Cabo. Entonces  los invitó a conocer el Camino y todo el pueblo se animó a vivir la gran aventura que Trinia había experimentado.

Una vez en Alborrich, nunca más quisieron volver. En aquel hermoso lugar encontraron la vida que tanto anhelaban.

El mágico bolígrafo, usado por una chica soñadora y llena de esperanza, cambió la historia de todo un pueblo.

 

By: Magdielys Leira | @MellLikhi | Cuentos con Propósito

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