De regreso a Dios, Por la Fe.

“Como nuestro Éxodo Espiritual”

Por: Magdielys Leira.

Lo más difícil que nos toca vivir como humanos, es vivir por fe, porque después de ese colapso en la historia de la humanidad que se registra desde el Génesis, el mismo Dios se encuentra separado de nosotros, ocurre un despegue; Una ruptura entre nosotros y él, un vacío abrupto, esa facultad de poder mirarlo, de oírlo, de sentirlo, de estar con él y conversar, de hacerle preguntas y reír, de ver su luz sin problema, sin que nos queme la vista, toda esa suprema oportunidad de encontrarnos muy de cerca con nuestro hacedor, se vió quebrantada, deshecha y opacada.

Una noche camino a mi cuarto cruzó por mi mente esta verdad, realmente la invitación a vivir por fe no es fácil cuando nuestra realidad es otra, esa realidad de re-aprender a vivir de la forma original, es decir, conectados con él nuevamente, oírlo, y experimentarlo aunque ya no como desde el principio, sino bajo una nueva lupa.

Se ha hecho más real el comprender que él llora con nosotros, se duele de nuestros fracasos, de nuestras dolencias y debilidades, aún de nuestros errores, pero se sonríe y nos alegra la existencia, mencionándonos una y otra vez, la razón por la cual, el verbo se hace carne, y la razón por la que la historia nos habla de un nuevo pacto. Ésta es la lupa bajo la cual vivir por fe, se nos facilita.

Él entiende la complejidad de nuestra humanidad en medio de un mundo que es dominado por el príncipe de las tinieblas, él comprende y nos acepta con nuestras caídas y celebra nuestro arrepentimiento, arrepentimiento que nos lleva cada día más a la plenitud de Cristo, el verbo hecho carne (Cristo), el más alto conocimiento del Creador, su sabiduría hecha persona.

Él comprende lo que sentimos cuando sufrimos pérdidas y ansiedades, y porque estamos hechos a su imagen y semejanza, conformados en cuerpo, sangre y agua, y poseemos espíritu, está más que interesado en nosotros, sin embargo, jamás cambiará su semblante mientras nos siga viendo a través de Jesús. Sentirnos acompañados en medio de nuestra soledad, sentirnos completos en nuestras pérdidas, es posible en la medida que también nosotros comprendemos que Dios comprende nuestra situación y se hace hombre para reconstruir nuestra identidad y devolvernos a él mismo, él nos vuelve a hacer, y nos da nuevamente la posibilidad de acceder a él sin ningún velo de por medio, aún no estamos en el paraíso nuevamente, pero él se manifiesta de formas que nos mantiene cautivados hacia esa misma meta, la meta de estar con él para siempre.

Nuestra meta no es tener nada de él, nuestro deseo supremo no tiene nada que ver con tenerlo todo en esta tierra, nuestro deleite no es cumplir nuestros deseos, nuestra meta única y  final, es estar con él para siempre.

En el camino él nos permite disfrutar de él mismo y sus obsequios, pero eso jamás será para nosotros lo que nos cautiva. Lo que nos cautiva para siempre es mirarlo a él siempre, porque él sabe que mirarlo a él siempre, nos completa y satisface, nos hace vivir de verdad en esta tierra quebrada, en ésta sociedad quebrantada. Él nunca dejará de mostrarse y mantenernos en él mismo, para darnos por siempre la tierra que él tanto soñó para nosotros, pero junto a él.

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