Un día en Kuna Nega

Maritza Bonilla

CERCA del vertedero de Cerro Patacón hay una comunidad que muchos desconocen, donde sus humildes habitantes tienen la esperanza de que algún día resolverán todos sus problemas.

El camino, apropiado sólo para carros 4×4, evidencia el mal estado que se empeora en la época de invierno, pues una pequeña quebrada se convierte en un pantanal.

No todo es malo en Kuna Nega, una comunidad compuesta por más 1,500 habitantes, entre kunas y mestizos que viven en 125 viviendas construidas sobre los 18.5 hectáreas de terreno, que forman parte del corregimiento de Ancón, distrito de Panamá.

Según Alberto Méndez, presidente de la junta local de la comunidad, la unión hace la fuerza.

Gracias al apoyo de toda la comunidad han logrado la construcción de un cuartel policial, la escuela, el centro de salud, el parque, además de canchas de baloncesto, entre otros.
Méndez señala que recientemente, gracias al apoyo de la junta comunal de Ancón al cual pertenece esta comunidad, y al Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales (IDAAN), se logró la instalación de un acueducto, para así solucionar el problema de la escasez de agua.
Algunas casas en este sector son de concreto y sus habitantes se dedican a realizar labores agrícolas.
La Asociación Kuna Nega se creó en 1980, por idea de la señora Andrea Mendoza, luego se formaron las comisiones de acueducto, de vivienda, de transporte.

Aledaña a la comunidad de Kuna Nega, rodeado de cerros y árboles, desde hace cinco años se ubica el Valle de San Francisco, donde algunos de sus habitantes señalan que en ese sector falta organización.
“La Autoridad de la Región Interoceánica (ARI), nos echó aquí como pollos en un corral”, señala María Ortega, habitante del lugar.
Indicó que esta entidad les prometió que les cederían sus títulos de propiedad, pero hasta la fecha no han cumplido.
Aseguró que la ARI les prohibe construir sus viviendas. Además, cuando realizan sus tradicionales siembras de yucas, guandú y plátanos, los amenazan con tumbárselos.
Por otra parte, María Chong señala que la falta de luminarias y de calles los aqueja.
Para salir del lugar tienen que caminar hasta Kuna Nega, tomar los busitos que cobran B/.0.40 hasta la Vía Ricardo J. Alfaro.
El Valle de San Francisco tiene dos sectores: 1 y 2, donde habitan más de 300 personas que en su mayoría se dedica a la recolección de algunos desperdicios en Cerro Patacón, para poder subsistir.

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